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Nuestra historia
Rondaba el año 46 cuando Toni Pérez Ripoll servía algún que otro vino a quienes se adentraban por lo que hoy se conoce como Altea La Vella, en dirección a Callosa d’en Sarrià por las laderas de la Sierra Bernia. El restaurante, fue experimentando pequeñas transformaciones a lo largo del tiempo: pasó de ser un pequeño caserón, a combinar un pequeño comercio con un bar.
De decoración sencilla y agradable, el restaurante se distribuye en tres comedores perfectamente comunicados.
El éxito en su cocina se basa en fusionar la cocina tradicional con pequeños toques contemporáneos, tratando con esmero y delicadeza los mejores productos de la zona, con el fin de ofrecer al visitante una auténtica experiencia gastronómica.
Sus sabores toman protagonismo en la amplia terraza con su particular aroma a jazmín, perfecta para disfrutar de las noches de verano por su ambiente jovial. Además, en los periodos de inverno, se puede disfrutar de su acogedora chimenea, la cual crea un cálido y agradable ambiente.
